Palmera viajera
Palmera viajera
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La palmera viajera, aunque no es una verdadera palma sino pariente de las aves del paraíso, destaca por sus grandes hojas dispuestas en abanico, creando un efecto arquitectónico muy ornamental.
Entorno y suelo
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Crece en suelos ricos en materia orgánica, aireados y con buen drenaje; una mezcla de turba con perlita o arena gruesa es ideal para evitar encharcamientos.
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Tolera climas tropicales y subtropicales, y puede cultivarse en contenedores para controlar su tamaño.
Luz
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Prefiere luz brillante e indirecta; se adapta a unos pocos minutos de sol directo suave (mañana o atardecer), pero el sol intenso del mediodía puede quemar los bordes de las hojas.
Riego
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Mantener el sustrato siempre ligeramente húmedo: regar a fondo cuando los 2–3 cm superiores estén secos, evitando que el agua quede estancada alrededor de las raíces.
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En temporada cálida aumenta la frecuencia; en otoño e invierno puede moderarse para reducir el riesgo de pudrición.
Fertilización y reproducción
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Abonar con un fertilizante equilibrado (NPK 10-10-10) o específico para palmeras cada 6–8 semanas durante primavera y verano.
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Se reproduce por semilla (lenta, germinación en meses) o dividiendo los hijuelos basales en primavera.
Plagas y mantenimiento
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Vigilar araña roja y cochinillas en ambientes secos; limpiar las hojas con paño húmedo y, de ser necesario, aplicar jabón potásico o aceites hortícolas.
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Podar hojas inferiores envejecidas para mantener un tronco limpio y aireado.
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